DEBAJO DEL NARANJO

Infausto desmedido, soterrado en la cabeza de un cuerpo vesánico en decadencia, aborrascandole la vida hasta lisiarle cada espacio de su cuerpo por sentencia.

Las hojas se mecían sobre el viento, tremolando y arrastrándose en un va y ven el unisono sonido de aquel estío, hasta impregnarse en la ventana donde solía perder el tiempo., giro de prisa, detenida ante el cristal de la ventana, mientras las hojas por su peso decaían a su vista, abriendo paso a la silueta de aquel árbol agostado, aquel que en sus raíces soterraba su pasado; un pasado que entre noches, visitaba sin reparos.
—Juraría que aquel árbol se había cortado —la nana conjeturaba haciendo señas con sus manos. —Sus frutos son podridos y su tallo marchitado —¡Hay que quemarlo! —replicó, mientras el peso de una piedra diminuta impartía sobre el cristal, derribándole con fuerza, hasta golpearle el ojo izquierdo de la nana sin piedad.
—¡Murió hace 5 años! —mariham gritó, mientras quitaba la mano de la nana de su hombro, he impulsaba el cuerpo a levantarse de la silla con agobio., aterrada entre sus miedos, sentía que le mataba con escarnio aquel recuerdo, corrió de prisa hacia su cuarto he intento dormir de nuevo.

La noche se adentraba como un soplo en las rendijas de su puerta, cargando con el peso nauseabundo, de aquel fétido murmullo en los arbustos, el amorfo de sus miedos se enfusaba en su cabeza, esbozando souvenires de tristeza.
Titubeaba… Se negaba a respirar el mismo aliento que emanaba en los recuerdos de su alma; un alma fría y desolada.
Los recuerdos le rasgaba a gritos la madera que cubría aquel álgido y deforme cuerpo en decadencia, en la espesa sangre que negaba a charcos cada borde de aquella pútrida madera, que encajaba entre su cuerpo tan pequeño, magullado y roído en el silencio, debajo del Naranjo, en donde un día optó enterrarlo, para así dormir tranquila y con el tiempo entre sus sueños sepultarlo.
Enfusada en el insomnio, los susurros de su sangre alimentada por el fango, suplicaba le salvará entre sus brazos, de aquellos roedores que a filo de sus dientes devoraba cada espacio de su cuerpo en un zarpado, consumiendo poco a poco su piel adormecida por los años, dejándolo en los huesos, mal oliente, descompuesto, echo polvo entre sus restos, consumido en las raíces de aquel árbol.
Respiro de prisa, anidada en llanto, cubierta en sangre que perlaba de sus labios, deliraba entre su llanto, su cuerpo se menguaba ante el espasmo, subsistido entre los miedos que enfusaban sus adentros, por aquel álgido recuerdo al ver el cuerpo de su hijo deformado, y en su insania, enterrarlo medio vivo en el Naranjo.

Esta obra pertenece a JESSICA ANDREA MARIO BARRERA estando bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.


14 respuestas a “DEBAJO DEL NARANJO

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